Ir al contenido principal

La jerarquía es eterna


Elvis fue el Rey del Rock, y eso es algo que pocos discuten con el paso de los años. Pasarán siglos antes de volver a ver sobre un escenario a alguien con su fuerza, su desbocado talento y su imagen. El tupé y la pelvis más famosos de la historia de la música dejó un legado de canciones con cuya interpretación (él no escribió ni una sola nota) consiguió convertirse en un icono inmortal

Pero ni él ni muchos otros osados chavales que se agenciaron una guitarra y decidieron grabar temas propios o ajenos de forma más o menos original habrían dedicado su existencia a la música de no haber existido el ritmo imparable, el sonido electrificante y la precisión instrumental de quien les enseñó antes el camino correcto: Mr. Charles Edward Anderson Berry, un espigado individuo de color que desde la pubertad jugueteó con el lado oscuro de la profesión que escogió desde que llegó a St. Louis en busca de la fortuna que su paupérrima condición le negaba. 

Asiduo a los hurtos de poca monta y a visitar diversas instalaciones penitenciarias y reformatorios para adolescentes díscolos, su vida bohemia y la necesidad de sustento dieron con su negra piel en la cadena de montaje General Motors, en la que se empleó el tiempo suficiente para abrir su propio negocio y dedicarse a su otra gran pasión: la peluquería, gracias a la cual su presencia incluía un look impecable, siempre en relación directa con la clase y elegancia con la que deleitaba al público en sus cada vez más frecuentes comparecencias escénicas.

Cuando su nombre empezó a sonar en el circuito de clubes ya atesoraba un amplio y variado bagaje como músico versátil y dotado (le daba al rock, al blues e incluso grabó varios temas de corte latino y hawaiano) y consiguió formar un combo solvente y a incluir su nombre en el de algunos eventos de relumbrón. Solo le faltaba dar el salto a uno de los grandes estudios de los 50: Chess Records, para los que grabó un par de temas basados en la música country que tanto le había influido y deslumbró a todo músico, productor, ingeniero o curioso que pasara por allí y escuchara detenidamente lo que aquel chico había creado. Ahí, tras un periodo de incertidumbre, fue donde joyas como "Maybellene" o "Wee wee hours" comenzaron a ser programadas en emisoras de radio y su leyenda empezó a cimentarse. Grandes teatros como el Paramount y el Apollo en Nueva York fueron testigos de su extraordinaria puesta en escena y "No money down""No particular place to go""Too much monkey business""Sweet little sixteen" temas todos ellos firmados por el propio Berry, competían en las listas y en las agendas de los empresarios del gremio por hacerse un hueco que en justicia le correspondía. Su continuo afán por medirse a los músicos blancos y por retratar la hostilidad que por el color de su piel se veía obligado a sufrir de continuo no hicieron sino impulsar una carrera que ya se tornaba imparable.

Mujeriego (se metió en varios líos con una menor india y otra chica francesa, en algún caso derivando en acusaciones de trata de blancas), bebedor e inventor del llamado duckwalk (el paso del pato), a él le debemos el himno por antonomasia del rock and roll"Johnny B Goode", uno de los temas más escuchados y versionados del siglo XX. Desde la segunda mitad de los 70 su figura volvió y volverá a ser reivindicada por las nuevas generaciones y su autobiografía, que fue terminada durante su estancia en prisión por fraude fiscal, retrata al prototipo de músico imprescindible. Uno de esos personajes por los que merece la pena vivir, aunque solo sea para recordar que cuando se fue, una incipiente primavera a la que sus noventa décadas no pudieron sobrevivir, todos los que amamos la música perdimos un trozo de alma. Casi diríase que de nuestra misma esencia. Este concierto que ofreció el 1 de enero de 1982 en el Roxy californiano (atención al tramo final con la incendiaria presencia de Tina Turner) sirve de nuevo homenaje al genio, en justicia el gran patriarca del rock and roll. En el fondo no te irás nunca, viejo Chuck. We'll love you forever!

             

P.D: Si pinchan en la imagen de arriba podrán descargar completa la discografía de Chuck Berry. De nada.

Entradas populares de este blog

La fatalidad nos hace invisibles

El destino , nos guste o no, está ahí, cual depredador que saliva copiosamente acechando a su inocente víctima para saciar sus ansias de hacer cumplir lo irremediable, para aplacar las iras de quién sabe qué criaturas divinas que por menesteres de fundamentos establecidos para algún misterioso propósito , o bien por puro albedrío astral, se empecinan por los siglos de los siglos en llevar a cabo tales empresas para deleite o desgracia de los mortales. "Crónica de una muerte anunciada" , obra singular del recientemente desaparecido Gabriel García Márquez , es un referente claro a eso que denominamos destino, a eso tan natural y a la vez tan extraño que encierra el misterio de la vida , tan absurdo y falto de sentido que se nos acaban las hipótesis para dar con alguna respuesta que deje, por lo menos a medias, satisfecha nuestra curiosidad. Esa que siempre se conforma, dadas las circunstancias, con darse con un canto en los dientes si el acontecimiento en cuestión tiene...

Verano fatal: 20 canciones alrededor del sol (II)

En época de bonanza playera y, si procede por habilidades y regocijo, también se puede surfear un poco , que no todo va a ser tostarse en la orilla. Pero mejor hacerlo en parajes algo más exóticos donde también rugen las olas sagradas y a los que acuden solo las tablas más expertas e inquietas. Hasta Japón nos llevamos el equipaje para conocer a una estrella de la televisión de los sesenta que también le daba a eso de la guitarra con su banda , sin importarle que la arena que pisara fuera más oscura de lo habitual. Surfin’ Japan!

La venganza se sirve en tres platos

Siempre he tenido dificultad, supongo que como la mayoría de quienes lean estas líneas, para memorizar los nombres asiáticos. En coreano dicen que a menudo se confunde el orden de nombres, apellidos o incluso apodos asignados en función de la familia. El caso de Chan-Wook Park (o Pak Chan-uk, que sería más fiel al original según su lengua materna) podría ser uno más en dicho equívoco de no ser porque así bautizaron a un pequeño genio nacido en Seúl (Corea del Sur) hace más de medio siglo  que lleva haciendo cine desde 1992 sin que el mundo occidental en su mayoría se haya dado cuenta. Vean "Stoker" (2013), rodada en USA,   o "La doncella" (2016), dos de sus últimas muestras de cine perverso y amoral, y empiecen a cautivarse como yo.