2 ago. 2016

Verano fatal: 20 canciones alrededor del sol (II)

En época de bonanza playera y, si procede por habilidades y regocijo, también se puede surfear un poco, que no todo va a ser tostarse en la orilla. Pero mejor hacerlo en parajes algo más exóticos donde también rugen las olas sagradas y a los que acuden solo las tablas más expertas e inquietas. Hasta Japón nos llevamos el equipaje para conocer a una estrella de la televisión de los sesenta que también le daba a eso de la guitarra con su banda, sin importarle que la arena que pisara fuera más oscura de lo habitual. Surfin’ Japan!


                         

A la típica pregunta estival, la mayoría de las veces hecha con la cortesía como excusa para camuflar la indiferencia, de “¿este verano mar o montaña?” la presunta respuesta, dependiendo del interlocutor y del momento en que sea cuestionado, podría ser “aún no lo sé, pero lejos, cuanto más lejos mejor”. La arrebatada melodía (ah, ¿pero este tema la tiene?) que serviría de banda sonora para tales intenciones no se localiza en parajes demasiado inalcanzables, sino mucho más cerca de lo que cabría imaginar por su sonido. En Barcelona, nuevo territorio garagero nacional, se afincan estos intérpretes de riffs crudos, inspirados en tempos sixties y en plena evolución hacia un pop más cristalino. Seguramente, uno de esos grupos que no sabías que te gustaban hasta que los escuchaste.

                           

Kitty, Daisy & Lewis publicaron su tercer disco el año pasado, Jim Jones Revue incendió festivales en su último tour por España, Imelda May pinta de color femenino el revival rockabilly-country, y Nick Curran, que en gloria esté, aparte de grabar fantásticos discos antes de dejarnos, nos presentó al nuevo fenómeno del género: una pelirroja salvaje de Los Angeles, con imagen, talento y canciones a prueba de bombas que vuelve a sentar las bases de una actitud válida para cualquier momento y estación del año. Y el mundo tiene que conocerla.

                            

Acercándonos a la parte media del ranking, quizá el título más obvio pero menos previsible, porque J hablaba en esta canción de dudas, bajones emocionales, soledad, nostalgias inoportunas y sobre todo retrataba el símbolo estival por excelencia como la peor época del año. Vamos, que esta sería la canción más anti veraniega de la lista. Y orgullo del indie patrio, no olvidemos que estaba incluida en la que para muchos sigue siendo la mejor obra de los granadinos, aquel inolvidable viaje que nos metía “Una semana en el motor de un autobús”.

                            

Cómo no, los clásicos son los clásicos, siempre lo serán y siempre estarán ahí para que recurramos a ellos independientemente de la estación y lugar en que nos encontremos. Para el final de la primera parte y como provisional cabeza de lista, y no estamos hablando de política, la reina del verano, de este y de los pasados y futuros, no es una mulata bailando reggaeton sobre la barra del garito más cool ni nada por el estilo, sino la mujer que preside el club en el que hace un lustro ingresó una londinense llamada Amy Winehouse que a buen seguro andará recibiendo lecciones de alma, que no de vida, de nuestra protagonista, la mujer de la voz desgarrada y el corazón en permanente desconsuelo. Hasta la próxima parada vacacional, nuestro verano eterno suena así.
   
                            

Y recuerden: Sudar canciones es una buena manera de sudar. Hasta el alivio que viene. Continuará.