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La respuesta está en la canción (VII)

Ser una jovencita sin mucho que hacer, sobre todo si en tu cabeza bullen inquietudes varias y el demonio de la música se te ha metido en el cuerpo, no era la principal aspiración vital de una tal Natalie Merchant a principios de los años ochenta. Allá en Jamestown (New York), una ciudad con recursos empresariales pero escaso sarpullido artístico, la poco tiempo después consagrada compositora dedicaba tiempo y esfuerzo a escribir canciones y ensayarlas con su banda, un grupo de músicos bastante dotados a los que bautizó como Still Life, impelida por quién sabe qué angustia emocional. Poco después, tras las idas y venidas pertinentes y el hastío de algún miembro fundador que no veía la cosa demasiado clara, reformó su seno y se reconvirtió en el alma mater de 10,000 Maniacs, marca con la que alcanzaría altas cotas de credibilidad musical y con la que escribió las mejores letras de su carrera. Aquellos "maníacos" sonoros han editado hasta el momento nueve despampanantes discos que, aunque irregulares en su más reciente producción, los sitúan como príncipes no derrocados del pop sofisticado norteamericano. Y ella, claro, tuvo mucho que decir en dicho ascenso.

El tema que nos ocupa abría su cuarto álbum con dicho nombre, el extraordinario "Blind man's zoo" publicado en 1989, se titulaba (y se titula) "Eat for two" y, lejos de las connotaciones gastronómicas que sugiere, habla del embarazo de una adolescente y las consecuentes turbulencias íntimas que ello suele conllevar. Ahora, la chica de la canción come por dos, respira por dos, camina por dos y hace de su existencia, condicionada por un arrebato de inconsciencia, una locura incapaz de ser comprendida en toda su enormidad. Los lamentos no iban tanto en contra del propietario de la simiente que había provocado aquel maremágnum emocional como por sus propios sentimientos encontrados, pero aún así, alguno de sus anteriores amantes se daría por aludido, interpretando tal derroche de sinceridad como una especie de indirecta. Lo curioso es que toda esta historia no existió sino en la cabeza de la dulce Natalie, quien nunca obtuvo descendencia alguna por parte del humano (cuya masculinidad sería después puesta en entredicho) que se encargaría de responder desde el otro lado.

                                         

Y el reclamo llegó solo dos años después. Pudiera parecer, y en su momento lo parecía, que la canción elegida para camuflar los versos respondones era un mero relleno en un disco lleno de momentos álgidos. "Out of time", el disco con el que R.E.M empezaron a ser una banda respetada por todos (entiéndase conocida mundialmente), inició su era de reinado en el rock alternativo americano, que luego redondearían con el aún más certero "Automatic for the people". Ahí, al margen de los éxitos que todos seguimos tarareando cada vez que una emisora oldie hace gala de su cortedad y estrechez de miras programando en bucle los mismos mal llamado clásicos, había una pequeña gran melodía titulada "Me in honey" que volvía a basarse en una historia inventada por su autor, en este caso Michael Stipe, líder de la banda, a la que prácticamente nadie emparentó en su momento con la anteriormente enlazada. No es que se asemejasen en algo más que la temática ni que una complementara o ampliara de alguna manera a la otra, sino que la visión del embarazo desde un punto de vista masculino y descreído estaba directamente conectado a la de la parte femenina que había pergeñado el cuento con sus propias líneas maestras.

La clave para entender la aparente absurdidad está en el hecho de que ambos creadores, Mrs. Merchant y Mr. Stipe, tuvieron un affaire nada aireado algún tiempo atrás, de resultas del cual algún rencor no satisfecho quedó para echar leña al fuego de cualquier chispa musical posterior. De la capacidad de tocar cualquier tema espinoso o la habilidad artística de la banda de Athens sería igualmente absurdo dudar a estas alturas, pero su valía aumenta al saber que cualquier experiencia pasada, presente o futura podría servirles para completar discos absolutamente esenciales. 

                                       

Más discos, más canciones, más mensajes explícitos u ocultos escritos a la manera de un correveidile socarrón y sin la menor muestra de arrepentimiento existen y existirán entre los surcos de cualquier obra publicada o por publicar. En esta serie viven algunos, pero siempre serán escasos ante la cantidad de vida y de sonidos que aún estamos por descubrir. Continuará.


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