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Caiga quien caiga

Hablemos de culturas. Así, en plural. De las que han cimentado la evolución de la música popular y de las que provocaron choques entre pueblos de diversas condiciones. Tradicionalmente, el racismo no ha sido más que la exaltación del sentimiento folclórico y la negación de cualquier color externo que pudiera teñir los propios trapos sucios. Y también de acuerdo con la propia historia, repleta de migraciones y contactos entre religiones, pensamientos y etnias, la mezcla no solo se demuestra necesaria sino enriquecedora. Dejando aparte la adoración a los respectivos dioses y las connotaciones cannabáceas de la historia y los personajes de la película que les presento a continuación, quédense con una palabra: reggae. A ser posible, sin ton, porque el son ya se lo pusieron figuras esenciales cuyos nombres resultan sobradamente conocidos como para detenernos a repasar sus inmensas carreras. Aclaremos que el nexo de unión entre todos ellos era y es la devoción rastafari, aquí no demasiado destacada pero igualmente subyacente en el hilo argumental.

"Caiga quien caiga" fue el desatinado título en castellano de "The harder they come", un falso documental en el que el realizador Perry Henzell dirigía con más pasión que acierto a una estrella del género en los setenta (el film fue estrenado en 1972), el gran Jimmy Cliff, cuyo mayor éxito discográfico dio título a la cinta y que encarna a un atribulado emigrante que busca un nuevo giro a su existencia bajo el amparo materno y manteniendo su libertad a toda costa, con las dificultades de adaptación al nuevo medio hostil al que a partir de ese momento deberá enfrentarse. Hay violencia, claro -en el fondo no se trata más que de una vulgar historia de gangsters-, pero también un poso de denuncia ilustrativa en torno a un movimiento que significó una revolución musical mucho más grande de lo que la historia parece habernos contado. Las mafias de la industria discográfica que dominaban la isla de Jamaica, manipulando a artistas y representantes a su antojo, quedan perfectamente retratadas a través del ansia vital de Ivanhoe "Ivan" Martin, el labriego que intenta abrirse paso en una jungla tan siniestra esgrimiendo el machete del incoformismo. Una mirada tierna y realista que, pese a todo, suena tan actual como la vibración musical que encarna.

Si personajes tan importantes en la evolución del género como Lee "Scratch" Perry, Bob Marley, Desmond Dekker (el rey del ska, colindante y hermanastro del reggae) y los cientos de bandas que aún extienden su sombra a las pujantes generaciones merecerían unos cuantos párrafos que ahondaran en sus imprescindibles figuras, este documento de culto, subterráneo y alabado solo por unos cuantos conoisseurs que siguen programándolo en los correspondientes ciclos y filmotecas, intenta dejar clara una máxima que todos deberíamos aplicarnos: "Prefiero llevar una vida libre a vivir siendo esclavo de la voluntad de otros". Pinchando en la imagen pueden escuchar algunas de las perlas incluidas en su banda sonora original (un manual de campo sobre la música jamaicana). Ahora solo tienen que ver para creer.



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