8 feb. 2013

El día que la música nació

El 7 de septiembre de 1936 llegaba a este mundo un chico tímido llamado Charles Hardin Holley en Lubbock (Texas), un día normal y corriente, en medio de campos de algodón que proveían a la ciudad de una industria floreciente a la que el recién nacido parecía destinado. Sin embargo, cuando pasaron diez años y su familia fue consciente de que el mozalbete le daba a la guitarra, el banjo, el piano y el violín con similar destreza, supieron que su destino sería otro bien diferente. 


Que nuestro hombre se convertiría en un genio de la música dan fe sus primeros movimientos, allá por el año 1949, cuando reclutó a su compañero de instituto Bill Montgomery para empezar a tocar por high-schools en fiestas de estudiantes o reuniones organizadas por amigos para que los colegas se desfogaran tocando sus instrumentos y soñando con la fama y grandeza futuras. Tres años después, sus canciones fueron grabadas por primera vez, y en 1953 otro colega, Jack Neal, le acompañó hasta que su incipiente prestigio como músico empezó a crecer y se vio sobrepasado por el talento y el ímpetu por labrarse una carrera profesional de Mr. Holley (todavía sin rebautizar su nombre artístico) y este volvió a llamar a filas a Montgomery para actuar regularmente en iglesias, bares e incluso emisoras comerciales, donde sus servicios eran a menudo requeridos para grabar cuñas publicitarias que de paso le servían de promoción. El género al que se sentía más cercano, quizás por su educación musical o el entorno rural al que pertenecía, fue el country, de hecho se convirtió en uno de los mejores intérpretes del género al inicio de su carrera, cuando muy pocos pensaban, tal vez ni él mismo, que tras ver actuar en directo a Elvis Presley, iba a abandonar los caminos más asilvestrados para entregarse de lleno y con enorme fortuna a la causa del rock and roll. Aquel impacto visual y sonoro le hicieron empollarse de principio a fin los discos del Rey hasta conseguir telonearlo en 1955 con su banda, antes de encontrar a los que fueron sus escuderos más conocidos y rentables, los fantásticos The Crickets. Grabó con ellos entre 1956 y 1958, ya de vuelta en Lubbock, en una serie de fantásticos sencillos en los que brillaban con luz propia sus amigos Jerry Allison (batería), Joe Malduin (contrabajo) y Nikki Sullivan (guitarra rítmica). Tras girar con ellos y transformarse en una auténtica estrella, en el otoño de 1958 publicó su primer álbum solista y el segundo de su carrera, el seminal “Buddy Holly”, acreditado por Coral Records.

Pocos artistas a lo largo de la historia de la música popular protagonizaron una carrera tan prodigiosa y fulgurante. En apenas dos años en el negocio había conseguido ser el número uno absoluto en las listas más importantes de USA y el Reino Unido y logró codearse sin complejo alguno con otros pioneros del rock, Elvis aparte –que acabó dudando de quién apadrinaba a quién- como Chuck Berry, Fats Domino o Little Richard, oficialmente mucho más espectaculares o vistosos en escena pero probablemente no tan brillantes, aunque esta es una afirmación perfectamente dudosa, teniendo en cuenta que Buddy (apodado así por su familia y allegados, por lo que decidió adoptar ese nombre como válido para su carrera), falleció con sólo 23 años, dejando abierto para siempre el debate sobre su futura aportación artística. De lo que no cabe duda es de su automática transformación en mito después de que el 2 de febrero de 1959, tras un concierto en Clear Lake, decidiera alquilar una avioneta que cubriera el trayecto hasta la siguiente parada de la gira en Moorhead (Minnessota), en donde al día siguiente debía tocar junto a sus compañeros Richie Valens y The Big Bopper, embarcados junto a él en la gira Winter Dance Party que les llevaría a actuar en veinticuatro ciudades durante sólo tres semanas, de ahí la urgencia por el traslado en tan fatídica fecha. Un campo de maíz, en pleno estado de Iowa, fue testigo mudo y trágico del accidente que dejaría en el camino a tres jovencísimas y aún incipientes estrellas que hoy y siempre serán recordadas como la primera ola del rock and roll, la llamada “clase del 55” (el propio Valens habría cumplido 70 años en 2011).

Los homenajes serán perpetuos, el más reciente de ellos coincidiendo con la fecha de su nacimiento, llamado “Listen to me”, donde se suman al homenaje Jackson Browne, Brian Wilson, Stevie Nicks, Ringo Starr, Zooey Deschanel, Pat Monahan o Lyle Lovett, entre otros (pueden escucharlo en spotify pinchando en la imagen). En la película de 1978 "The Buddy Holly story" que pueden ver abajo, un gran Gary Busey se transforma con acierto en el músico con las gafas más famosas del rock, y años después, el cantante folk Don McLean le dedicaba el tema más importante de su carrera, el inmortal “American pie” con estos desolados versos: "Febrero me hizo temblar con cada periódico que repartí, malas noticias en las puertas, no pude dar ni un paso más. No puedo recordar si lloré cuando leí a la novia ya viuda, pero algo me tocó profundamente dentro el día que la música murió".


JJ Stone