11 ene. 2013

Be-bop-a-lula

Fue Hamlet el padre de la dramática sentencia "to be or not to be", origen e inspiración de infinidad de textos, canciones, poemas e imágenes. Y fue el rock and roll, esa música del diablo que en los años cincuenta revolucionó la cultura mundial y vio nacer a tantas leyendas para perpetuar su nombre, el que bajo la onomatopeya arriba citada puso a bailar a la humanidad y la despojó de prejuicios y vendedores de humo que aprovechaban cualquier novedad para ejercer de mesías temporales ante el desencanto de una sociedad ávida de sensaciones. Sí, el poder de evocación de la música, lo terapéutico de sus poderes y los personajes que consiguieron que aún hoy, y me temo que será para siempre, seamos incapaces de entender la vida sin su aportación. A la eterna e insidiosa pregunta de "¿qué es el rock?", la mayoría de músicos responden con el socorrido subterfugio de "es solo una actitud vital", aunando estilos, procedencias y formas de glosar con instrumentos y cuerdas vocales las respectivas inquietudes individuales y/o colectivas. 


Precisamente esa frase, tan universal y tan cierta, hizo que el protagonista de esta imprescindible biografía escrita la aplicara hasta sus últimas consecuencias. John Birks 'Dizzy' Gillespie no solo fue uno de los mejores trompetistas de todos los tiempos sino un inventor en toda regla. Con su peculiar soplido patentó uno de los subgéneros más promiscuos del jazz, el delicioso be-bop, al que dotó de estructura (si es que eso era posible en medio de tanta improvisación), personalidad e influencias. En la increible amalgama de sus temas pasa del estruendoso y casi anárquico compás de una perfecta sección de vientos al festivo son de una big-band de los años de la Gran Depresión o al imparable frenesí afrocubano, tan pintoresco como la propia vida de este genio.

A través de sus páginas, "To be or not to bop" nos retrata la infancia de Gillespie en su Carolina del Sur natal y nos cuenta los entresijos de su relación con otros monstruos contemporáneos suyos como Louis Armstrong, Duke Ellington o el sumo sacerdote Charlie Parker. Con la colaboración de Al Fraser, que firma el libro como coautor, leemos entrevistas con Cab Calloway o el propio Miles Davis, que nos perfilan las líneas maestras de una carrera que concluyó a su muerte en New Jersey en 1993. Su discografría es tan amplia y brutal que sería absurdo reseñarla a vuelapluma, por lo que prefiero dejarles con un testimonio de su enorme clase en vivo y en directo, cediendo protagonismo a virtuosos de otras etnias sonoras, y aconsejándoles que lo complementen con la lectura citada, sobre la cual pueden leer algunos extractos en el blog que enlazo al pinchar en la imagen. Solo les llevará unos días descubrir por qué el jazz, amigos, es la única música que nos sobrevivirá a todos. Con permiso del "be-bop-a-lula".



JJ Stone