15 jun. 2012

¿Haces música? ¡Toma imagen!


El arte se lleva en la sangre. Y el rock, en el apellido. No hace falta subir a un escenario, visitar un estudio de grabación, componer dos notas seguidas o estudiar los secretos de cualquier instrumento para convertirse en un icono y dotar a la historia de la música de un puñado de imágenes icónicas, muchas de ellas grabadas a fuego en la retina y la memoria de los que guarden como oro en paño una preciada rodaja de vinilo, una portada de revista especialmente atractiva o simplemente un momento aparentemente intrascendente que, por una razón que a los comunes de los mortales se nos escapa, quedó inmortalizada para siempre en el fondo de nuestra memoria.

Mick Rock es el hombre que fotografió los 70. Hizo de aquella dorada época la llave de un viaje infinito y eterno a las placentas del glam rock (fue el fotógrafo oficial de David Bowie durante su despegue como artista), los bocetos del progresismo ilustrado (“The madcap laughs”, el gran disco de Syd Barrett, fue captado por su objetivo), los balbuceos inteligentes del punk (“Raw power”, de Iggy & The Stooges, no habría sido igual de importante de no haber incluido su fotografía en la portada) o la sugestión ochentera (“I love rock’n’roll”, el disco que hizo grande a Joan Jett). Y todo sin darse la menor importancia, porque su trabajo ya era, y es, considerado parte intrínseca del proceso de elaboración de esos y otros innumerables trabajos. Todo lo que pasa delante de su cámara queda automáticamente convertido en historia del rock, y no es ninguna exageración. La lista de nombres, retratados en poses desafiantes, rebeldes y siempre imbuidas de glamour, es tan abrumadora como fundamental: Ramones, Queen, Motley Crue, Sex Pistols, Roxy Music, Talking Heads, Lou Reed… pero no sólo se ocupó de captar a los clásicos, ya que en los últimos años sus disparos han acompañado a R.E.M., The Killers, Kasabian, Daft Punk, Chemical Brothers o Black Keys, entre otros nuevos estandartes de la modernidad rockera. No en vano es uno de los pocos fotógrafos que cuenta con manager, varios para ser exactos, que le  aseguran los mejores contratos, y se toma tan en serio su trabajo que antes de cada sesión practica variadas técnicas de meditación –antes eran las drogas las que le ayudaban a concentrarse-. De sus estudios de literatura en Cambridge, que nunca concluyó, extrajo las fabulosas dotes para entender una canción e interpretar las motivaciones de sus creadores.

Pinchando en la imagen de arriba accederán a su web oficial, y tras la portada del más reciente de sus libros encontrarán una selección de sus mejores portadas. Y no debemos olvidarnos de su experiencia como realizador audiovisual, para lo que les dejo uno de los vídeos que facturó para que el Duque Blanco se luciera en pantalla. Con guardaespaldas así, es fácil ser una estrella y ejercer como tal.


JJ Stone