11 may. 2012

Violadores del rock

Cuatro amigos apasionados por la new wave de los primeros ochenta y unidos por su devoción a ciertos sonidos salidos de todo tipo de teclados decidieron unir fuerzas y talento hace ya más de tres décadas. Por aquel entonces, Basildon, en la región de Essex, no era una de las zonas más conocidas musicalmente del Reino Unido. Sin embargo, Dave Gahan, Martin L. Gore, Vince Clarke y Andrew Fletcher, después de su respectivo periplo en diversas bandas y su coincidencia en gustos y eventos musicales, decidieron situar a su ciudad en el mapa que el rock electrónico legaría a la historia. Armados apenas con algunos sintetizadores de primerísima generación, un puñado de samples y muchos sueños por cumplir, grabaron un primer disco titulado "Speak & spell" con el que dejaron a la incipiente escena tecno británica poco menos que anonadada.  No sólo por su mosaico construido a base de unir sonidos y líneas de teclado, sino por los temas que posteriormente empezaron a abordar, creando agrias polémicas en más de una ocasión y generando dudas sobre las opiniones políticas e incluso las identidades sexuales de sus componentes. Tras la salida del grupo de uno de sus fundadores, Vince Clarke, para formar Yazoo junto a Alison Moyet (luego crearía Erasure), empezaron a cosechar excelentes críticas y a leer reseñas contradictorias en torno a la temática de sus canciones, sobre todo a partir de sus siguientes trabajos. La introspección y el mundo críptico de Gore, su principal letrista, tornaba oscuras las atmósferas en las que se movían sus discos y la sensualidad que se desprendía de sus composiciones, la provocación que buscaban sobre todo en sus apariciones en directo y el sentimiento de rebeldía, de ir más allá en cualquier tipo de relación y, en el ámbito musical, su continua experimentación, les otorgaron en algún momento la etiqueta de banda gótica, relacionándolos con dicha subcultura tan en boga en Inglaterra durante años. Pero fue a partir de la publicación de "Black celebration" en 1986 cuando Depeche Mode, nombre tomado de una popular revista de tendencias de la época, se convirtió en un nombre relevante incluso para aquellos que no se sentían demasiado cercanos a su idea de llegar al rock por medio de la electrónica. Sus vídeos eran pequeñas obras de arte, sus directos absolutamente memorables y los premios concedidos totalmente justos.

A partir de ahí comenzaron a ser masivos, y las exitosas giras se sucedieron hasta llegar a 1988, con uno de los momentos estelares de su carrera en el que se presentaron en el estadio Rose Bowl de Pasadena, en California, para grabar un grandísimo disco en vivo titulado "101" y hacernos devotos de su música para siempre. Posteriormente llegó el álbum, el fantástico "Violator", para la mayoría de sus seguidores, entre los que me cuento, su cumbre creativa. Quien sólo los conozca por recopilatorios y emisoras de radio más o menos comerciales encontrará aquí clásicos como "Enjoy the silence" o "Personal Jesus", pero se sorprenderán al escuchar el preciosismo de piezas como "World in my eyes" o el hedonismo desalentador de "Halo", sólo algunas de las nueve joyas incluidas en un álbum imprescindible. Después, los vaivenes de la industria, la definitiva marcha de Alan Wilder, los problemas con las drogas de su cantante (ya afortunadamente superados) y los devaneos con la música industrial hicieron que jamás volvieran a alcanzar la grandeza anterior. Aun así, seguir en la brecha después de tanto tiempo y dejando muestras de su enorme capacidad, aunque últimamente sea con cuentagotas, hace que esperemos sus visitas con la ilusión de quien sabe que está ante unos grandes. El concierto que ofrecieron en Barcelona en 2009 lo demuestra, y aquí lo pueden ver íntegro. Además, si pinchan en la imagen de arriba podrán ver su actuación en París durante la gira de uno de sus discos más incomprendidos, "Exciter" (2001). Como ellos mismos decían desde el título de uno de sus álbumes, estas son unas cuantas canciones de fe y devoción.

                            

JJ Stone