18 abr. 2012

Habitación libre en San Quintín



Si apenas levantas un pie del suelo y te pasas el día entre campos de algodón, compartiendo sudor y cubos de agua con jornaleros que encuentran en la música country el alivio a las penurias cotidianas, es lógico que al cumplir doce años te intereses por dicho género y empieces a escribir tus propios versos inspirándote en esas duras circunstancias que el destino te reservó. Si además vives una guerra casi desde las trincheras, reclutas a compañeros de batalla para cantarle a tus ídolos, te instalas en Memphis y dedicas tus historias a convictos, desheredados y etnias indígenas (llegó a grabar sendos álbumes en las prisiones de San Quintín y Folsom), tu existencia empieza a asemejarse a algo que llaman leyenda. "El hombre de negro", pseudónimo que acompañaría a Johnny Cash hasta el fin de sus días, deslumbró al mismísimo rey del incipiente rock and roll en los años 50 hasta el punto de que Elvis decidió que él y su banda eran los adecuados para telonearlo, y cuando la Sun Records, el sello que grabó sus primeros temas, comprobó que su cóctel de influencias y su educación musical constituían casi un género en sí mismo, lo convirtió en un nuevo y flamante ídolo.
Lo malo es que el carácter introvertido y el vértigo de la vida en la carretera, las continuas comparecencias públicas y exigencias de la promoción (básicamente, el precio de la fama) empezaron a pasarle factura, y las drogas en forma de pastillas que le provocaban cada vez más adicción y el alcohol consumido en cantidades industriales se convirtieron en los nuevos protagonistas de su periplo vital. Tras su segundo matrimonio con June Carter, se encendió la luz al final del túnel y protagonizó una serie de programas televisivos entre 1969 y 1971 en los que ejercía de maestro de ceremonias para tocar junto a grandes estrellas entre las que estaban Neil Young, Bob Dylan, Creedence Clearwater Revival, Derek & The Dominos o Louis Armstrong, en una de sus últimas apariciones antes de su muerte. Abajo les dejo un vídeo con más de hora y media de actuaciones que resumen estos míticos shows. Otra de las cumbres de su carrera llegó en 1985, al reunirse con sus amigos Kris Kristofferson, Waylon Jennings y Willie Nelson para actuar bajo la etiqueta de The Highwaymen, en una etapa gloriosa que precedió a la magnífica decadencia de los discos que le produjo Rick Rubin, la impresionante serie "American recordings", algo parecido a trabajos temáticos en los que versionó a bandas aparentemente alejadas de sus presupuestos como Nine Inch Nails, U2, Depeche Mode o Soundgarden. En sus últimos años, con la enfermedad de Parkinson dejando evidentes huellas en su anatomía y aquejado de una galopante neumonía, fue galardonado con el segundo Grammy de su carrera y continuó grabando hasta su muerte en septiembre de 2004. Hasta se rodó un biopic en 2005, "Walk the line", en el que Joaquin Phoenix se metía en su piel. 


JJ Stone