23 feb. 2012

En el país de los sordos el ciego es el rey




Hoy en día ya es casi inimaginable, pero en los dorados 70 era un regalo de lujo esperado por miles de fans y gente que valoraba un vinilo de su artista favorito poco menos que como un regalo de los dioses. Y no era fácil digerir un triple álbum como este, compuesto de dos LPs y un EP, es decir, un disco doble acompañado de uno más sencillo añadido como apéndice y conclusión a un trabajo que a su autor le llevó casi dos años y medio componer, grabar y arreglar. Y tan perfeccionista fue en el sonido que a su compañía, la mítica Motown, con la que acababa de firmar contrato, no le hizo ni pizca de gracia tener que vender un trabajo de dichas características.
Sin embargo, aquí están algunas de las canciones que hicieron de Stevie Wonder el artista masivo que fue después, jugando un papel fundamental en su carrera y convirtiéndolo en uno de sus trabajos más autobiográficos, con letras confesionales no exentas de sarcasmo y espiritualidad (“If it’s magic” es sencillamente impresionante) o compromiso político (“Village guetto land”), entre las que destaca la dedicatoria a su hija recién nacida por aquel tiempo en “Isn’t she lovely?”, que le sirvió como gancho para colocarse como número uno en las listas estadounidenses durante más de tres meses. La nómina de músicos contratados para su grabación es inmensa e impresionante: Herbie Hancock a los teclados, George Benson a la guitarra y coros, Greg Brown a la batería, Trevor Lawrence al saxo tenor… y el propio Steve decidiendo qué canciones se quedarían fuera de las casi doscientas compuestas para la ocasión. Un festival irreprochable de sonoridades y estilos fusionados a la perfección: soul, funk, afrobeat, R&B, jazz y sonidos experimentales que muchos consideran prácticamente insuperable no sólo en su discografía sino en la de cualquier otro que después de él haya intentado acercarse a esta maravilla que despachó nada menos que nueve millones de copias, fue galardonado con varios Grammy –si es que eso importa viendo en lo que dichos premios degeneraron después- y descubrió al mundo que, tras siete obras previas, Mr. Wonder era justamente eso, una genuina y pulida joya de la música negra. El groove es irresistible, dejémonos llevar por la vida misma hecha música.


JJ Stone