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IR o NO IR a ver a Bob Dylan: Esa es la cuestión





Aunque parezca que aquí no hay cuestión alguna, dada la obviedad planteada, la vida puede ser tan jodidamente dura como para poner en dilación tan gran fenómeno. Del mismo modo que en la dicotomía del “ser o no ser”, en ocasiones podríamos preferir el “no ser” frente a su alternativa, ahora podríamos sorprender a unos y a otros (incluso a nosotros mismos) con este dilema.


Dada la importancia del objeto será necesario ser metódicos, estudiando pros y contras desde diversos puntos de vista, tantos como se pueda, conocedores de que nunca serán suficientes para atajar una de las más grandes paradojas de la humanidad. ¿Qué tal si lo hacemos mediante una relación numerada
  1. ¿Sabes quién este tío? Aunque parezca una pollada seguro que hay algunos que, contagiados por la emoción colectiva, se atrevan a asistir al evento sin saber “ande” van. Sí. Puedes creerlo. Incluso una vez conocido el precio de los pases que bien provocará roturas de huchas a diestro y siniestro. Para la gran mayoría (los que saben “ande" van) no es necesaria justificación una vez constatado que asistirán a una sesión sobre la historia de la música en “estrimin”. Para los demás también está bien, dado que el tito Bob podría convertirse en una de sus futuras obsesiones después del concierto. Aquí todo son ventajas. Dos a cero. Aprovechemos la ocasión para recordar el verdadero nombre de este mamonazo: Robert Allen Zimmerman. 
  2. ¿Has escuchado la música de este tío? Bueno, todo el mundo ha escuchado su música, aunque algunos todavía no hayan sido conscientes de ello. Aquí no queda resquicio para la duda. Otro dos-cero.
  3. ¿Te gusta la música de este tío? Aunque haya algunos que proclamen su desagrado a la hora de recibir la discografía de Mr. Dylan a través de sus conductos auditivos, será necesario recordar que su repertorio recorre lo mejor de la música, desde el blues hasta el rock pasando (y estándose un ratico grande) por el folk. Así que el que diga que no le gusta Dylan es que no le gusta la música. Y eso, amigo, es un problema como para hacérselo mirar. Un dos-cero más.
  4. ¿Tienes algún disco suyo? Bueno, da igual. Puede que hayas estado toda la vida flipando con el tito Bob sin tener ningún disco suyo. Puede ser que este concierto te haga rebuscar en el bolsillo para hacer una buena inversión. En cualquier caso da igual. Lo importante es la emoción. En mi caso me pillé el primer disco de Dylan en casete en una tienda de segunda mano. A partir de ahí un par de CDs y más después un vinilaco. Bueno, vale, y algún otro disco “descargaillo” sin maldad ninguna que prometo comprar apenas se acabe la crisis. 1-1.
  5. ¿Lo has visto alguna vez? Aquí hay más chicha, ya que si has tenido la oportunidad de disfrutarlo anteriormente, puede ser que prefieras prescindir en esta ocasión, temeroso de asistir a un show no mejor (e incluso peor) del que pudiste devorar en su momento. Tambíen podría estar mejor. A lo mejor. ¿Quién sabe? Seguramente no. Pero, ¿y si sí?. Vamos a dejarlo en un empate. 12-12.
  6. ¿Crees que volverá a tu ciudad? Ni de coña, tío. No va a venir más a Granada. Ni a Córdoba. Que lo sepas. Ésta es tu última oportunidad. 20-0.
  7. ¿“Ande toca?" No quieres que haya mucha peña (ni poca). La suficiente como para que se produzca el ambiente necesario y no más de la que podría colapsar las colas de la barra y los baños. En nuestros casos los escenarios son mucho más que adecuados. 1-0, 345.
  8. ¿Con quién vas? Si bien algunos pueden relatar que van a los conciertos solos y allí ya van resolviendo el tema de la necesaria relación, debo reconocer que yo siempre he asistido (por ahora) con al menos un alma cómplice. En esta ocasión no será diferente y asistiré acompañado de mi primo Fernan. Otros acompañantes que contábamos como asistentes fijos se cayeron de la lista (seguramente al no estar de acuerdo con al menos uno de los puntos analizados). 2034-334, 69.
  9. Quién va de telonero? En Granada tendremos la suerte de disfrutar de Soleá Morente y Los Evangelistas. No se puede pedir más. Habrá que estar dentro desde el principio para no perderse nada. Será mucho más que necesario. 
Hay muchos más aspectos que estudiar, pero para “dar por culo” me voy a quedar justo antes del casi decálogo. Creo que como haría Mr. Dylan, siempre dado a la rebelión y a la protesta. Es justo por eso (olvidando todo lo anterior) por lo que será necesario asistir a su concierto. Siempre. Haga falta o no haga falta. Aunque solo sea por razones como esta de aquí abajo.

                        

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