19 abr. 2015

El extranjero



http://biblio3.url.edu.gt/Libros/camus/extranjero.pdfLa certeza de que nuestra existencia es lo único que podemos afirmar como verdadero es tan obvio que resulta fácil encomendarse a ella en determinadas instancias de la vida en las que mucho o todo de lo que nos rodea parece diluirse en una patraña tan universal y a la vez tan propia del individuo en sí, que no nos deja otra opción que la de arrimarnos al ascua de nuestro propio ser, ese que refrenda la famosa frase: ”Pienso, luego existo”, o si me apuran, también: “Siento, luego existo”.

De existencias palpables y apáticos sentimientos nos habla Albert Camus en su primera novela, “El extranjero. Anudada al cuello la soga de la vida, esa que a veces huelga para que nuestra respiración sea plena y otras aprieta para hacernos desfallecer; Meursault, el personaje principal,  lejos de que ésta le inflija los efectos inapelables que a cualquier mortal propina en mayor o menor medida, acaba por desentenderse de ese nudo que aunque está ahí, dulce a veces, hiriente otras, no parece provocarle ningún tipo de sentimiento ni en un sentido ni en otro.

Camus nos acerca a un personaje que es vapuleado por los modernos mecanismos de una sociedad que deja al individuo de lado para que este se asfixie en la carencia de valores que esto le provoca, incitándole de manera sutil a que reniegue de cualquier creencia o valor establecido, dejando al desnudo lo absurdo de su existencia.

Nada de lo que pueda acontecer, bueno o malo, en la vida de cualquier ser humano, puede conmover a Meursault, que se deja zarandear por el devenir insulso de los días, del tórrido llamear del sol, del vaivén de las olas y su cadenciosa letanía de mareas infinitas, de los cuales extrae ese bálsamo tonificante que le llevará automáticamente a ver nacer un nuevo día, sin más pretensión que eso, que él mismo y su propia realidad. Expulsado sin él saberlo de esa sociedad que lo condena y que intenta hacerle ver lo que él no puede ni quiere, intenta justificar su acción, aunque él está primero. Su cansancio o su apatía ahogan sin remedio cualquier intento de poder redimirse ante una sociedad que ni le va ni le viene y que cada vez se aleja más de su propio mundo interior.

Meursault, nunca mejor dicho, es él y sus circunstancias, de las que ni se alegra ni tampoco tiene queja. Solo se deja ir a esa deriva mortal de la que muchos salva la fe y a otros ahoga la incertidumbre, recogiendo en cada estación esas migajas de vida que componen su única idiosincrasia. Pinchando en la imagen podrán leerla junto a “El huésped”, otro relato corto que aquí se incluye.