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Víctimas del Facebook

Los seres humanos estamos por naturaleza vinculados a ese estatus vital donde la relación con los demás congéneres es crucial para el desarrollo personal de cada individuo. La sociedad forma parte primordial de ese aprendizaje que llevamos a cabo durante el transcurso de nuestra vida, convirtiéndola en un matraz de experimentación en el que los resultados de ensayo y error van dándonos pistas más o menos consistentes de por dónde debemos dirigir nuestras pesquisas a la hora de hallar la senda correcta hacia una perfecta armonía entre uno mismo y el resto de los mortales.

Dado que esta imperiosa necesidad de crecer personalmente está ligada intrínsecamente a la relación con otros individuos y de cómo estos interactúen con uno mismo, es obvio afirmar que la búsqueda de ese contacto con la sociedad resulte una prioridad en nuestro día a día. Y precisamente nuestro tecnológico y moderno devenir diario nos ofrece multitud de apetecibles vías para que esto de estar conectado con el resto del mundo con apenas mover un dedo sea del todo factible (lo del encuentro vis a vis ya se verá), dadas las dotes inconmensurables de conectividad que hemos alcanzado a fuerza de whatsapps, tuits y sobre todo enlaces del rey en esto de darnos a conocer los quehaceres diarios del amiguito tal o cual sin ni siquiera haberlo visto hace décadas. Facebook es la suculenta mirilla, la ventana indiscreta, el portal donde sin hacer el mínimo esfuerzo, encontramos las vivencias cotidianas de todo individuo que se precie en ese afán por no quedarse rezagado a la hora de exponer su preponderante criterio, su imagen más chic, o las frases mejor confeccionadas de cara a una galería en constante batalla por el suculento y cotizado "Me gusta".

Es lícito reseñar en estos menesteres de mostrarse públicamente a millones de espectadores que con fruición buscan en la red saciar y saciarse con las alegrías o las penurias de tan insigne escaparate, eso tan socorrido de "por la boca muere el pez", y en esta ocasión debiéramos cambiar al vertebrado acuático por otro terrestre, el famoso ratón, y ya entenderán ustedes que no me refiero precisamente al mamífero roedor. Y es que en estas parafernalias sociales donde se nos da la oportunidad de salir a ese virtual escenario con el objeto de ofrecer nuestra mejor actuación, donde las dan las toman, y todo lo que un día publicamos en olor de multitudes, hoy puede convertirse en abucheo general. Y si no, vean, vean.


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