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Kubrick, odisea de la genialidad

Todo lo concerniente a temas especialmente ligados a lo que pueda considerarse no políticamente correcto, fuera de norma, o simplemente en discordia con lo que la sociedad dicta como modelo único y absolutamente indiscutible, es susceptible de ser relegado a ese rincón sombrío y despiadado, donde las críticas más feroces aguardan ansiosas para darse un festín de lo más suculento.

Destacable es, sin duda, la capacidad, no ya de crear a su antojo con exquisita fineza y perfección milimétrica, sino la de capear temporales en forma de punzantes artículos, severas censuras y espantadas en masa en alguno de sus estrenos, del personaje que hoy es protagonista en este nuestro humilde rinconcito cultural.

Stanley Kubrick marca un antes y un después en ese fascinante mundo del celuloide, donde captar fotogramas, encuadrarlos, llevarlos a un ángulo imposible y reducirlos con la más absoluta precisión se convierte en una nueva forma de filmar, una visión personal de cada escena, donde este genio del Bronx aplica cada técnica conocida o innovadora para que el resultado final no sea otro que un film como poco distinto en forma y fondo de lo que estamos habituados a ver en cualquier sala de cine. Para complementar tan osados planos, era obligada una banda sonora acorde, acordes, y permítanme la licencia, en muchas ocasiones de música clásica, para un resultado final, genuinamente Kubrick. Obras maestras como "Atraco perfecto", "Senderos de gloria", "El resplandor", "Lolita", "La naranja mecánica", "2001, una odisea del espacio" y otros tantos grandes films, hasta completar trece largometrajes con su sello inconfundible, nos dan una idea bastante nítida de como cruza una y otra vez la frontera de una perfección en cada plano que solo existe en su cabeza y que repetirá mil veces hasta que esta se plasme tal y como él había proyectado.

Muchas de sus películas que ahora sin duda consideramos maravillas del séptimo arte no fueron entendidas en su momento, ya fuera por la forma en que habían sido filmadas o por  la temática tratada, que en muchas ocasiones atraía grandes polémicas, críticas desfavorables e incluso insultantes. Ni la mutilación de alguna de sus cintas, ni la retirada obligada de otras, ni las amenazas sufridas tras el estreno de "La naranja mecánica", hicieron retroceder un ápice a Kubrick en su manera particular de ver el mundo a través de la lente de una cámara. Una relación con el mundo tan particular, más allá de cualquier postura política irrelevante ante tal o cual tema. Su verdadero interés iba de nuevo a profundizar en el personaje y en la actitud que este adoptara frente a diversas situaciones en las que el hombre, el ser humano, y su lucha contra el mundo, eran lo esencial.

Solo tipos como él irán siempre por delante de otros que siempre han creído que no hay otra  forma de crear que no sea la establecida en cada época. El documental que hoy les presento viene a confirmarnos que lo que podemos ver en cada secuencia no es fruto de la casualidad, que el trabajo minucioso que este gran cineasta dedicaba a cada una de sus películas se nos muestra a través de cada detalle, cada mensaje oculto y cada plano con doble intención. Secillamente genial y genialmente curioso. No sabemos con certeza si alguna cámara grabó alguna vez al hombre en la luna, pero sí que Kubrick podría haberlo hecho mucho mejor. Pasen y vean pinchando en  la imagen.

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