Ir al contenido principal

The big sleep

A grandes males, grandes remedios. Es lo que podría haberse gestado en la  imaginación del novelista estadounidense Raymond Chandler, cuando en 1939 decide dar forma a lo que sería su primera novela negra, "El sueño eterno", no la mejor según los entendidos pero sí la más apasionante, la  más "negra", la que más hilo nos aporta cuando tiramos de esa madeja imaginaria donde se enrolla una trama demasiado enmarañada , demasiado peligrosa, un laberinto de oscuras intenciones digno del Teseo más aguerrido.

Y para estos descomunales entresijos, que mejor remedio que el de un personaje con arrestos suficientes como para sacar a la luz asuntos tan sucios como retorcidos en los que cada personaje está más implicado de lo que parece y  a su vez de lo que cada uno cree.
Para acometer tan grande y grave empresa, Chandler pone al frente de la investigación a Philip Marlowe, un detective rudo, con una fuerte personalidad, curtido en mil batallas, que pareciera haber dejado por un tiempo el mundo real para adentrarse en este sueño hecho casi pesadilla y que sería ya referente obligado no sólo para el escritor, que le daría vida en otros tantos relatos, sino para otros muchos novelistas  a la hora de echar mano de un modelo de personaje hecho a medida para este género literario tan particular. 

La novela empieza cuando un anciano llamado Sternwood, un general retirado y enfermo, encarga a Marlowe la investigación de un caso de chantaje en principio con no demasiado trasfondo, del cual surgirán un sinfín de ramificaciones que desembocarán en una maraña de sucios negocios, crímenes y turbios acontecimientos. La novela ha sido llevada a la gran pantalla en diversas ocasiones, aunque es de recibo destacar la versión de Howard Hawks de 1946, en la que un inconmensurable Humphrey Bogart encarna al susodicho detective.

Pinchen en la imagen y no pierdan hilo de tan excitante relato.

Entradas populares de este blog

Two of us: Un encuentro legendario

Por fin hemos encontrado (después de tanto tiempo) la mítica película "Two of us", emitida originalmente para la televisión americana y ahora con subtítulos en español para toda la población hispanohablante. Como protagonistas tenemos a Aidan Quinn interpretando a Paul McCartney y a Jared Harris en el papel de John Lennon. Los actores interpretan el encuentro ficticio de lo que podría haber pasado entre los dos músicos durante un encuentro real que tuvieron en abril de 1976 si se hubieran presentado en un programa llamado Saturday Night Live que les ofrecía 3.000 dólares si se reencontraban en televisión aquella noche y tocaban tres canciones en directo (si pinchan en la imagen de la izquierda podrán ver al presentador del show haciéndoles la oferta real).

La fatalidad nos hace invisibles

El destino, nos guste o no, está ahí, cual depredador que saliva copiosamente acechando a su inocente víctima para saciar sus ansias de hacer cumplir lo irremediable, para aplacar las iras de quién sabe qué criaturas divinas que por menesteres de fundamentos establecidos para algún misterioso propósito, o bien por puro albedrío astral, se empecinan por los siglos de los siglos en llevar a cabo tales empresas para deleite o desgracia de los mortales.

"Crónica de una muerte anunciada", obra singular del recientemente desaparecido Gabriel García Márquez, es un referente claro a eso que denominamos destino, a eso tan natural y a la vez tan extraño que encierra el misterio de la vida, tan absurdo y falto de sentido que se nos acaban las hipótesis para dar con alguna respuesta que deje, por lo menos a medias, satisfecha nuestra curiosidad. Esa que siempre se conforma, dadas las circunstancias, con darse con un canto en los dientes si el acontecimiento en cuestión tiene algún punto …

La jerarquía es eterna

Elvis fue el Rey del Rock, y eso es algo que pocos discuten con el paso de los años. Pasarán siglos antes de volver a ver sobre un escenario a alguien con su fuerza, su desbocado talento y su imagen. El tupé y la pelvis más famosos de la historia de la música dejó un legado de canciones con cuya interpretación (él no escribió ni una sola nota) consiguió convertirse en un icono inmortal