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The Texas Chainsaw Massacre

En alguna que otra ocasión muchos nos hemos preguntado el porqué un clásico se convierte en tal y el porqué se va forjando durante décadas ese halo de magnificencia que lo encumbra a ser considerado una joya del séptimo arte. Hay misterios insondables en esta cuestión: no se trata de disponer de la mejor producción, ni de los mejores efectos especiales, ni tan siquiera de que las críticas sean unánimes y en su estreno todo el mundo sin excepción haya salido de la sala del todo satisfecho. Es algo más profundo, más subliminal, la creación de alguien que sin  proponérselo ha engendrado una singular obra de arte.

"La matanza de Texas" es sin lugar a dudas uno de esos films de culto que casi cuarenta años después de su estreno no dejan indiferente a nadie.
 Su director, Tobe Hooper, que ideó en principio un asesino en serie tipo Jason de "Viernes 13" para el personaje de "Cara de trapo", derivó finalmente en algo muy distinto, un sanguinario esperpento que tras su primera aparición en pantalla se convierte en icono tragicómico de esta peculiar carnicería.

La película pasa casi desapercicbida en efectos especiales y otros elementos considerados hoy imprescindibles en cualquier trabajo cinematográfico, pero destaca en otros no menos importantes que a la postre son los que le aportan la fama que hoy ostenta. El realismo de la filmación, casi en parámetros de documental, nos hace sumergirnos en esa atmósfera infecta, podrida y surrealista de la que nada nos hace emerger, ni siquiera la banda sonora, una radio local que emite partes meteorológicos y música country, insertada en la cinta con exquisita sutilidad. El extraño autoestopista, el abuelo matarife-chupasangre, la escena final en la que "Cara de trapo" baila en la carretera al son de su sierra mecánica como si de una tétrica despedida se tratase, todo ello compone un film que nunca nos cansaremos de admirar. Si pinchan arriba podrán leer una biografía del director. Disfruten.




Charlie 72 

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