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Pesquisas anudadas

Las historias más sencillas o las cuestiones más evidentes, que desde un punto de vista objetivo podrían resolverse en un breve período de tiempo sin mayor complicación, no lo llegan a ser tanto cuando se interponen en este camino clarificador elementos subjetivos que echan por tierra el discurso de quienes promulgaban a bombo y platillo que el asunto en sí solo pintaba de un color.
Esta actitud de disentir de la versión que se nos impone por imperativo legal se acrecienta mucho más si cabe si el chivo expiatorio es uno mismo y nuestra tarea primordial es desenmascarar al verdadero culpable.

De falsos culpables trata precisamente "Frenesí", el penúltimo trabajo del maestro del suspense Alfred Hitchcock, del que se cumplen ahora cuarenta años. La acción transcurre en el bullicioso Covent Garden londinense, donde un asesino en serie hace sus delicias estrangulando a sus víctimas con una corbata. Por una serie de circunstancias, unas fortuitas y otras no tanto, la policía sigue la pista y detiene a  Richard Ian Blaney (John Finch), acusado del asesinato y violación de varias mujeres de la zona, entre ellas su esposa. Este, junto con el inspector jefe Oxford (Alec MacCowen) deberá descubrir al verdadero culpable.
Destacamos un espléndido guión de Anthony Shaffer, basado en la novela de Arthur La Bern. Aparece el humor intrínseco hitchcokiano, que nos regala en las escenas de la casa del inspector, donde éste debate con su esposa sobre el caso, alabando a la vez las dotes culinarias de esta. Como en cada obra de Hitchcok, los planos están perfectamente estudiados y las escenas muestran únicamente la información necesaria que el director quiere aportar para el desarrollo de la trama. Encontramos escenas relevantes como la violación de la señora Blaney (Barbara Leigh-Hunt), primeros planos de impactante erotismo macabro; o la secuencia de la escalera  por donde el asesino sube al piso de su siguiente víctima, cerrando la puerta y dejando escuchar unos murmullos que nos hacen pensar en lo peor, antes de que la cámara baje lentamente las escaleras con ese sobrecogedor silencio de fondo. Cómo no, destacar también el papel de Barry Foster (Robert Rusk), quien no obtendría mayor relevancia en el mundo del celuloide, quedando relegada su carrera al teatro y a la pequeña pantalla, y que aquí nos deja más que impresionados con su elegante y frenética colección de corbatas. Si pinchan en el cartel podrán leer una biografía del maestro Hitchcock. Disfruten.




Charlie 72

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