31 may. 2012

Territorio Apache

Cuando nos adentramos en entornos donde el caos, la corrupción, las drogas, la prostitución, el crimen, y todo lo concerniente a ese submundo enterrado por sí mismo en una vorágine de miedo, apatía y sinrazón, tenemos dos opciones evidentes. Camuflarnos en ese caótico hábitat y seguir las pautas que aquí se imponen, y que no son otras que mantenerse al margen de toda norma establecida, o por el contrario, luchar contra esta marabunta infecta e intentar remediar en lo posible aquel maremagnum de delincuencia desmedida. El entorno del que les hablo bien podría parecerse al que se nos presenta en la película que hoy les recomiendo, "Distrito Apache", estrenada en 1981, que toma por escenario las peligrosas calles del Bronx y una comisaría de policía denominada "Fort Apache", sumida en el mismo caos del barrio y deglutida sin remedio por asesinos, yonquis, prostitutas y demás residentes de este ecosistema tan grotesco como deleznable. La historia empieza con el asesinato de dos policías a manos de una prostituta y la llegada a la comisaría del comisario Connolly (Ed Asner), que llega con el firme propósito de "limpiar" el barrio y de bajar en la medida de lo posible el alto índice de delincuencia allí existente. El film nos muestra los bajos fondos del gigante americano, hiriendo sensiblemente su sempiterno lema de justicia y paz social, pero sin llegar a ensañarse con él. Fotogramas sórdidos de un estado semibélico hacen conmoverse al espectador, haciendo ilusoria la idea de que se trate de la misma ciudad de Nueva York, tal es el caos gobernante. Pero lo que de verdad le da a esta cinta un peso específico es el personaje que espléndidamente interpreta Paul Newman (Murphy), un patrullero veterano, sencillo y recto en el cumplimiento de sus obligaciones, con esa costra de desidia que se adquiere con los años pero que nunca es suficiente para hacer desistir de lo que cree justo a un hombre de fuertes convicciones. Newman le da ese toque humano necesario a toda historia en la que los valores fundamentales de toda persona son ninguneados de forma tácita y evidente. La parte más humana de la película se ve reforzada también gracias a la aparición de Rachel Ticotin (Isabella), enfermera y partenaire de Newman, y cómo no al compañero de este, Corelli (Kent Wahl). Mencionamos también a un Danny Aiello excepcional como siempre. El director Daniel Petrie pasa sin pena ni gloria a los ojos de la crítica , aunque con un rodaje excepcional gracias al excelente trabajo de fotografía de John Alcott, asiduo irremplazable en los films de Kubrick. Si pinchan en la portada, podrán leer precisamente una biografía de este genio del fotograma. Disfruten, y cuidado si discurren por estas calles.



Charlie 72