25 abr. 2012

Pasiones cautivas

Se hace difícil, si no imposible en muchas ocasiones, establecer una convivencia dignamente soportable en un entorno familiar  catalogado dentro de los considerados como standard, en los que a priori no existen problemas mayores que los que algún miembro de la unidad familiar vaya desgranando consciente o incoscientemente en el trancurso del devenir diario de vez en cuando. La realidad se vuelve mucho más cruda cuando la unidad  familiar se ve afectada por algún tipo de tragedia que trastorna en gran medida esa "normalidad" hasta entonces imperante, poniendo sobre las cuerdas a esa convivencia pacífica y medianamente llevadera que ahora empieza a tambalearse. De esto y otros intrínsecos menesteres trata precisamente la obra teatral que el grandioso poeta y dramaturgo Federico García Lorca, publica en 1936, "La casa de Bernarda Alba", de la que se extrae la adaptación cinematográfica que el no menos genial Mario Camus estrena en 1987. La obra teatral, orquestada en tres actos, tiene como único escenario, al igual que la película, la casa lóbrega y oscura de Bernarda, a la que ella, a raíz del fallecimiento de su segundo esposo, convierte en una prisión durante ocho largos años, condenando a sus cinco hijas al más despótico confinamiento, que a principios del siglo XX era no sólo recomendable, sino casi obligado a la hora de guardar el luto riguroso establecido en  una sociedad llena de miedos, fanatismos religiosos, supercherías y falsas apariencias;  a lo que sumamos la mano implacable de Bernarda a la hora de arrastrar a sus jovenes e indefensas hijas al pozo de la amargura y la desesperanza. Les invito a que traspasen estas cuatro paredes y se convenzan de que la pasión puede hacerlo sin importar la anchura y firmeza de sus muros. Pinchando en el cartel pueden leer la obra completa. Disfruten.



Charlie 72