27 mar. 2012

Su santidad, la inocencia

En el habitáculo sombrío y tenebroso que la pobreza reserva fielmente a sus correligionarios es fácil imaginar que la vida allí para ellos resulte poco menos que una carrera de obstáculos de toda índole, mucho más crudos e insidiosos en algunos casos los provocados por sus propios congéneres que los que la implacable naturaleza ya aplica naturalmente. Y es que la inmensa mayoría de las veces los causantes de que este fugaz paso que muchos, trastabillándose, dan por este planeta azul para algunos pero muy negro para otros, somos nosotros mismos, el ser humano. El ser humano más inhumano que podamos imaginar, un ser humano indigno de poseer tal condición, condicionado tal vez por otros hombres que están en la creencia, para ellos inamovible, de que lo siempre acertado y provechoso es pisotear al más débil sin el menor escrúpulo. Hoy les quiero proponer el visionado de una de las obras cumbres del cine español, una de esas películas que nos dejan un poso amargo en la garganta, una sensación malsana de incredulidad y hastío. En 1984 llega a nuestras pantallas "Los santos inocentes", basada en la novela homónima de Miguel Delibes y dirigida por Mario Camus, que nos traslada a una España negra y profunda donde las diferencias sociales pasan del grado de notables a sobresalientes, siendo esto tan notorio en algunas escenas que el espectador puede pensar que el criado, casi esclavo en este caso, pierda su condición humana para acercarse muy mucho a la animal. Una película espléndida en guión y ambientación, hecha casi a  medida para una puesta en escena de la mano de un inconmensurable Alfredo Landa (Paco "El Bajo"), en el papel de siervo fiel, una magnífica Terele Pávez (Régula), la abnegada mujer de Paco, un grandioso Juan Diego (Iván, el señorito), un terrateniente mezquino y cruel, y un brillantísimo Paco Rabal (Azarías, hermano de Régula), en  el papel de un discapacitado psíquico que lastra más si cabe la paupérrima vida de los infelices criados. No se muevan de sus butacas y conmuévanse un poco, no es para menos. Si pinchan en la imagen podrán leer más sobre esta gran obra, junto con una entrevista a su autor.



Charlie 72