Cuando Mosén Millán (nombre originario de la obra) es desbancado por el título definitivo con el que finalmente se daría a conocer este corto y a la vez magistral relato , seguramente que a don Ramón J. Sender no le cuadrase eso de que el dichoso cura libase de las mieles de los honores que otorga el verse plasmado en las brillantes letras de relieve que hubiera de lucir la portada. Lo que en un principio parecía el terreno más sólido para sustentar esa piedra angular donde edificar una historia que acabaría por remover esos primigenios cimientos para acabar consolidándose en otros más acordes con el peso específico de la misma. Como tantas historias a las que los personajes dan forma y no al contrario, esta, encaminada en un principio a incidir principalmente en la figura de Mosén Millán , es engullida por lo que este mismo personaje desarrolla para que su propia singularidad sea desplazada por la pluralidad de los hechos, la trascendencia de los mismos, y la dramá...